Los jóvenes emprendedores y el difícil reto de la inseguridad

Con un perfil cada vez más alejado de las grandes empresas y de las tareas rutinarias, se ha consolidado entre los jóvenes tijuanenses –especialmente entre aquellos de hasta 35 años- la tendencia de dejar de trabajar en relación de dependencia para invertir en un proyecto propio. Así, se vuelven jefes de sí mismos y, a pesar de los riesgos económicos a los que se someten cuando renuncian a sus puestos, lo que los moviliza es la libertad de sentirse independientes, innovadores y dueños absolutos de su futuro.

Cada una de sus historias se ajusta a diferentes modelos, pero todos tienen algo en común: se arriesgaron a cambiar su rumbo laboral; a emprender una empresa harto arriesgada y llena de incertidumbre.

Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, la generación emprendedora de tijuanenses que comienzan un proyecto se enfrentan a una nueva situación, que en buena medida los encara ante un reto mayúsculo. Me refiero a la creciente inseguridad que ya comienza a cobrar sus primeras víctimas entre quienes han decidió jugársela con un negocio propio.

A diferencia de quienes vivieron los oscuros años de mayor violencia –entre 2008 y 2011-, la joven generación se encuentra particularmente vulnerable ante quienes han hecho de la delincuencia su modo de vida.

Mi generación, como decimos, es todóloga: en nuestra empresa hacemos de todo, desde la contabilidad hasta el manejo del personal; somos operativos, y en la mayoría de los casos se inicia sin gerentes ni administradores. Y, en consecuencia, llevamos un perfil expuesto al público, con las obvias consecuencias.

Más allá de la responsabilidad de las autoridades en proveer seguridad a los ciudadanos y a quienes se la juegan en invertir en Tijuana, el cuidar de estos nuevos emprendedores también es responsabilidad de quienes tienen mayor experiencia. Aquellos empresarios, líderes, hombres y mujeres de experiencia, que con su consejo y apoyo pueden guiar a los nuevos jugadores en estos tiempos difíciles, cuando un mejor panorama se antoja lejano y complicado.

Por ello, es mi intención hacer un llamado a cerrar filas, a estrechar los hombros, entre quienes le hemos invertido a Tijuana. Es una invitación a no olvidarnos de quienes no tienen la estructura de seguridad, administrativa y económica para afrontar la inseguridad como bien lo hacen empresas de mayor calado.

No permitamos caer en la indiferencia ni en el egoísmo. Quienes recordamos vívidamente los peores años de secuestros, cobro de piso, extorciones, llamadas amenazantes, robos y violencia, debemos estar determinados a no permitir que la historia se repita. Y debemos comenzar cuidando a aquellos más expuestos.

Por ello, concluyo extendiendo la invitación a aquellos jóvenes emprendedores a acercarse a las distintas cámaras empresariales, a los organismos que fomentan el emprendedurismo, para expresar sus necesidades y retos. La Tijuana amable y hospitalaria que todos conocemos sabrá salir otra vez de este oscuro escenario.

Redacción de Luis Naranjo.